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Conversaciones sobre la carrera profesional: Las lecciones de Tanya Rubí Villalba Chumo desde la Amazonía

La administradora del Parque Nacional Yasuní, en Ecuador, comparte cómo la conservación y la colaboración van de la mano, y cómo ambas requieren una intencionalidad diaria y comprometida.
Yasuní National Park in Ecuador
Yasuní National Park in Ecuador contains exceptional biodiversity, cultural diversity, and ecosystems of local, national, and global importance. | Image credit: Maris Maskalans/iStock.

Al tratarse de una joven dedicada a la conservación de la Amazonía en Ecuador, cabría esperar que los días de Tanya Rubí Villalba Chumo transcurrieran mayoritariamente en plena naturaleza. En realidad, Chumo pasa la mayor parte de su tiempo conversando: con pueblos indígenas, personal del parque, madereros, mineros y habitantes de la zona. Más recientemente, algunas de estas conversaciones han sido con la Natural Capital Alliance (NatCap), el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entidades que forman parte de un equipo de trabajo destinado a evaluar y potenciar el capital natural del Parque Nacional Yasuní, donde Chumo ejerce como administradora. Las lecciones que Chumo ha aprendido son tan diversas como el propio parque: desde cómo los jóvenes pueden convertirse en aliados estratégicos en las iniciativas de conservación, hasta la delicadeza con la que deben abordarse los enfoques basados ​​en el capital natural. En última instancia, el interés de Chumo por forjar alianzas y trabajar en torno al capital natural nace de un profundo amor por el mundo natural.

¿Cuál es tu versión de dos minutos para responder a la pregunta «cuéntame un poco sobre ti»?

Tanya Rubí Villalba Chumo
Tanya Rubí Villalba Chumo participando en un taller. Foto de Danny Sornoza

Desde muy joven tuve la oportunidad de trabajar en el Ministerio del Ambiente y Energía, especialmente en el ámbito del Parque Nacional Yasuní, experiencia que ha marcado profundamente mi vida profesional y personal. Actualmente me desempeño como Administradora del Parque Nacional Yasuní, una responsabilidad que me ha permitido fortalecer mis capacidades de liderazgo, trabajo en territorio y articulación con comunidades e instituciones.

Soy Licenciada en Administración de Empresas y logré culminar mis estudios mientras me formaba profesionalmente en el ámbito laboral. Aunque el camino no ha sido fácil, cada desafío ha representado una oportunidad de crecimiento, aprendizaje y superación. Hoy puedo decir con orgullo que mi experiencia ha sido construida tanto desde la formación académica como desde el trabajo directo y el compromiso con la conservación y el servicio público.

¿Cómo es tu día a día como actual administrador del Parque Nacional Yasuní?

Mi día a día representa un verdadero reto. A diferencia de otras áreas protegidas, el Yasuní tiene una complejidad única, ya que gran parte de su territorio está habitado por pueblos indígenas; aproximadamente el 70 % de la población pertenece a estas comunidades, lo que implica una enorme responsabilidad social, cultural y ambiental.

Trabajar en este territorio también significa mirar más allá de las ciudades y comprender que existe vida y realidades distintas fuera de las calles pavimentadas. Muchas veces, las decisiones y acciones que realizamos como ciudadanos terminan afectando directamente a los pueblos y ecosistemas más alejados y vulnerables.

Mi trabajo diario está marcado por una constante atención y compromiso, porque, a pesar de todos los esfuerzos para conservar un área con una biodiversidad extraordinaria, el personal es limitado y las presiones sobre el territorio son muy fuertes. Mientras se atienden procesos administrativos y de gestión institucional, al mismo tiempo surgen múltiples problemáticas: conflictos territoriales, alertas por tala ilegal, asentamientos no autorizados, minería ilegal y otras amenazas que ponen en riesgo tanto a la naturaleza como a las comunidades que habitan el área.

Sin embargo, más allá de las dificultades, esta labor también me ha enseñado que la conservación no puede lograrse de manera individual. El trabajo participativo, articulado y en equipo es fundamental para enfrentar los desafíos que existen en el territorio, comprendiendo la importancia de defender y proteger uno de los lugares más biodiversos y culturalmente valiosos del mundo, no solo por su riqueza natural, sino también por las comunidades y pueblos indígenas que forman parte de él.

Cuéntame sobre el Parque Nacional Yasuní. ¿Qué crece allí, qué vive allí y qué es lo que más te gusta de él?

Es una pregunta compleja por que todo lo hace único pero su belleza paisajística tiene algo que me gusta y es que al entrar a los bosques todavía se siente vivo y auténtico Cada día en Yasuní puede sorprendernos con sonidos, colores y formas de vida diferentes.

No es solo un bosque; es un territorio donde la naturaleza, los ríos, las culturas indígenas y la biodiversidad conviven de una manera única.

Creo que lo que más me gusta del Yasuní es precisamente eso: la capacidad que tiene de recordarnos que aún existen lugares donde la vida mantiene su esencia más natural y donde todavía podemos aprender a convivir en equilibrio con la naturaleza.

¿Qué te inspiró a involucrarte en la valoración económica del capital natural? ¿Cuál es tu perspectiva sobre la contabilidad del capital natural y los enfoques como herramienta para la conservación ecológica, la soberanía indígena y/o la preservación de la biodiversidad? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas?

En lo personal, durante los siete años que llevo trabajando en el área protegida, nunca se había hablado profundamente sobre estos temas. Cuando surgió la primera propuesta relacionada con la valoración económica del capital natural, no alcancé a dimensionar el potencial que este estudio podía tener. Sin embargo, despertó mi interés y me permitió comprender que muchas veces la naturaleza solo recibe atención cuando se demuestra su valor tangible para la sociedad.

Trabajando en un territorio tan biodiverso como el Yasuní, uno entiende que los bosques no son únicamente paisajes hermosos; sostienen fuentes de agua, regulan el clima, almacenan carbono, conservan culturas vivas y garantizan medios de vida para muchas personas.

No obstante, considero que estos enfoques deben manejarse con mucho cuidado. La naturaleza no puede reducirse únicamente a cifras o valores monetarios. Existen dimensiones culturales, espirituales y territoriales, especialmente para los pueblos indígenas, que no pueden medirse económicamente. En territorios como el Yasuní, la biodiversidad y los conocimientos ancestrales tienen un valor que va mucho más allá del mercado.

Entre las ventajas, considero que la valoración económica puede fortalecer las políticas de conservación y evidenciar el verdadero costo de destruir los ecosistemas. Sin embargo, también existen riesgos, como que la naturaleza sea vista únicamente como un recurso económico o que estos enfoques terminen invisibilizando los derechos y la soberanía de los pueblos indígenas.

Cuéntame cómo interactúas con NatCap [y el equipo del proyecto piloto del FMAM/BID]. ¿Cómo ha influido esta colaboración en su trabajo o su carrera?

He podido conocer a un equipo muy profesional, comprometido y con una visión clara sobre la importancia de integrar la conservación, el desarrollo sostenible y la valoración del capital natural.

A través de este proceso hemos logrado intercambiar conocimientos, experiencias y también generar contactos importantes que nos permiten ir articulando acciones en común. Aunque el tiempo que llevamos trabajando y conociéndonos todavía es relativamente corto, buscamos que este sea el inicio de algo mucho más grande: una oportunidad para impulsar iniciativas conjuntas en beneficio de la Reserva de Biósfera Yasuní, promoviendo la articulación entre diversos actores, comunidades, instituciones y organizaciones que comparten el compromiso de proteger este territorio tan valioso.

Esta colaboración ha influido significativamente en mi trabajo y en mi crecimiento profesional, porque me permitió ampliar mi perspectiva sobre la conservación y comprender la importancia de integrar enfoques técnicos, sociales y económicos en la gestión ambiental.

Considero que esta experiencia aportó nuevas herramientas y una visión más integral para mi trabajo dentro del área protegida y la reserva de biosfera Yasuní.

 

Chumo participating in a stakeholder workshop
Chumo participa en un taller con partes interesadas como parte del proyecto 3Ps/BID/GEF, identificando servicios ecosistémicos prioritarios en la Reserva de Biosfera Yasuní, así como las percepciones sobre sus beneficios y usos. Credito: ATUK. 

¿Cómo influye en su trabajo la colaboración con las partes interesadas indígenas y locales? 

La colaboración con las partes interesadas indígenas y locales influye en mi trabajo, porque me ha permitido entender que la conservación no puede realizarse únicamente desde una visión técnica, sino también desde el respeto a la cultura, los derechos y la soberanía de los pueblos que mantienen una conexión histórica con el territorio.

Además, considero que la información relacionada con la valoración económica del capital natural debe manejarse con mucha responsabilidad y sensibilidad al momento de ser socializada con las nacionalidades y comunidades locales. Estos temas pueden generar tensiones o conflictos sociales si no se explican adecuadamente, especialmente donde muchas comunidades continúan enfrentando condiciones de pobreza y necesidades básicas insatisfechas.

Considero que estos estos procesos deben ir acompañados de diálogo, transparencia y participación real de las comunidades, buscando que los beneficios de la conservación también se reflejen en mejores oportunidades para las poblaciones que históricamente han cuidado y convivido con estos territorios.

¿Cuál es la lección más valiosa que ha aprendido sobre la colaboración?

Siempre lo he dicho la amazonía no solo es una zona petrolera, sino un territorio con un enorme valor natural, cultural y ambiental. El capital natural que posee no solo genera beneficios para el Ecuador, sino también a nivel mundial, especialmente en un contexto global marcado por el cambio climático.

Esta experiencia me ha permitido entender que, aunque como territorio podamos parecer pequeños frente a los grandes desafíos mundiales, somos una pieza importante dentro de ese rompecabezas global. Cada acción de conservación aporta significativamente a la protección de la biodiversidad y del planeta.

¿Qué consejo le daría a los jóvenes que quieren influir en otros para que se preocupen por los lugares silvestres de la Tierra?

Cuando se generan oportunidades y espacios de participación, los jóvenes pueden demostrar el enorme potencial que tienen para impulsar cambios reales.

En mi caso, al fortalecerse las acciones dentro de la Reserva de Biósfera Yasuní, tuve la oportunidad de formar parte de la creación de la Red de Jóvenes de la Reserva de Biósfera Yasuní. Ha sido muy interesante ver cómo los jóvenes pueden convertirse en aliados estratégicos para despertar interés, generar conciencia y ser voceros de los procesos de conservación que se impulsan, no solo desde el área protegida, sino también desde la Reserva de Biósfera como un espacio participativo y de articulación.

El consejo que les daría es que sigan apostando por esas ideas que a veces parecen imposibles o “locas”, porque siempre habrá alguien que crea en las buenas iniciativas. La conservación también necesita creatividad, pasión y nuevas voces que inspiren a otros a valorar y proteger los lugares silvestres de la Tierra.

Próximamente se publicarán un informe final y un estudio de caso sobre este proyecto en Ecuador. Obtenga más información en la página del proyecto: bit.ly/3PsEcuador. 

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